miércoles, 6 de noviembre de 2024

Catalina

  Una tarde de otoño te pensé, forje tu alma, tu espíritu amolde, y como lo hace el artesano que despaciosamente pule la figura, te di forma y nombre. Te doté  de personalidad como no hay otra igual. Te di un tiempo, un espacio y un lugar. Eres mi creación perfecta, nacistes del susurro lento entre la mente y el latido del corazón.
  Recuerdo la tormenta, la puerta del granero azotada despiadadamente por el viento. Tu parada mirando con el candelero en la mano a través de la ventana. Encerrada en la habitación, recuerdo las glicinas destrozadas rodar en el piso de ladrillos del patio; recuerdo el molino, el jardín, el Padre Nuestro que tu boca temerosa repetía sin cesar pero, no puedo recordarte toda, solo pequeños fragmentos vienen a mi.
  Te he perdido, y mi mente me castiga con el olvido; no puedo construirte de nuevo, el susurro no es el mismo, tu imagen se ha borrado tal como se apagan los colores en una foto vieja.
  Te busco pero, no estas. Me obligo a pensarte una vez más, pero no es lo mismo, es otra Catalina que no quiero. Yo busco a la creadora, la que inspiro a la musa que dormía. Yo busco la que se vistió de negro y juntó las calas chamuscadas, aquella que embarró los pies camino al cementerio. Yo busco la que nació del susurro lento entre la mente y el corazón.
  Te busco en la rueda del molino, en el vestido a lunares, en la claridad del día, en el tenebroso aullido de la noche.
  Yo busco a Catalina, a la que el verbo se negó en su boca porque no era poesía. Su destino apaciento su alma y la hizo frágil, quebrantó su voluntad y la hizo tierna.
  Yo quiero a Catalina, la que despertó a la musa que dormía. Aquella del amor tardío, que la sorprendió una tarde, bajo el jazmín de la plaza.
  Onorio, que suele caminar por allí, la vio sentada a solas con su pensamiento.

Por: Nelly Esther Fiasque.

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